BDSM

¡3 consejos para conseguir un látigo perfecto!

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Un látigo es una de las herramientas que muchos utilizan en BDSM para infligir un castigo o simplemente como juguete erótico entre las personas que más les gusta. En realidad, aquellos que saben utilizarlo, dicen que es como una extensión de la mano del dominante y que puede llegar a proporcionar unas sensaciones muy eróticas, o muy desagradables, según quiera esa persona.

Pero no todos los látigos son iguales y comprarlo no es una tarea fácil. Por eso, os dejamos algunos consejos que os ayudarán a encontrar el látigo perfecto para cada uno:

Ten en cuenta el equilibrio y el peso. Un látigo debe estar bien equilibrado y ha de ser cómodo. Por ejemplo, para que te hagas una idea, su equilibrio se basa en que debes notarlo bien entre la mano y la empuñadura, es decir, que no te cuesta mantenerlo recto, que no te pesa más un extremo que otro. De ese modo vas a tener menos esfuerzo en la muñeca, el brazo y el hombro. Además, según el tamaño de la mano, la empuñadura deberá tener más o menos diámetro. En general, deberías envolver la empuñadura y, con el pulgar, tocar el primer nudillo del dedo medio. Si no, no es el más adecuado para ti.

Cuidado con la parte para azotar. Al final del látigo se encuentran las tiras que son las que “golpean” de algún modo a la persona sometida. Hay de varias anchuras y longitudes y todo va a depender de dónde se vaya a utilizar el látigo y del efecto que quieras que tenga. Si quieres algo suave, tendrás que escoger tiras cortas, mientras que si quieres una sensación intensa, escogerás las largas.

El diseño. A la hora del diseño, habrá de muchos tipos y cada uno puede escoger el que más le guste. Pero eso sí, el diseño debe coincidir con lo anterior, que esté equilibrado y que tenga la parte para azotar que estás buscando. Dentro del diseño, habrá varios látigos hechos de distintos cueros que pueden hacer que las tiras sean más pesadas, menos, más dolorosas o menos. En general, tienes que escoger la que mejor se adapte a tu mano y también a la piel de la persona sumisa ya que será ella la que reciba ese látigo.

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