BDSM

Cómo usar un látigo en BDSM

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Hoy día en BDSM es difícil encontrar a alguien que utilice el látigo (o similar) para dominar a su esclavo o sumisa. Pero existen, y los látigos, aunque se pueden considerar un arma, se usan para jugar en la dominación y sumisión.

Ahora bien, para utilizar un látigo hay que tener en cuenta antes unos principios que son:

Usarlo siempre que haya sido consensuado. Hay muchas personas que les tienen miedo porque, si no lo utilizas bien, puede hacer mucho daño y dominarlo a menudo no es fácil. Por eso es que ha de ser algo cuya decisión sea de ambos y se procure la máxima seguridad a la hora de jugar con él.

Si nunca has usado un látigo, aprende. No es cuestión de comprar uno y azotar con él. Tienes que calibrar el viento, la intensidad al mover el brazo, cuándo restalla, que toque o no la piel de la otra persona… Todo eso, que parece fácil, es muy complicado y si se usa mal se puede herir a la sumisa pero también uno mismo.

El látigo ha de usarse en espacios abiertos. Un látigo requiere de un espacio amplio o una habitación grande para que la trayectoria no se vea interrumpida (porque puede darse el caso de que cambie de dirección o dé en una zona más dolorosa de donde se quería dar).

No uses el látigo si tus sentimientos te nublan. Nunca ha de usarse si se está enfadado o molesto. Sí, puede ser un castigo para la sumisa, pero el estado de ánimo influirá en la forma en que lo uses y puedes provocar más dolor del que debes.

Observa a la sumisa. Es importante porque será quien te diga si le estás dando mucho dolor o no, si lo haces bien o no.

Los látigos cansan. Por eso es que, los expertos, no lo usan mucho, porque saben que, pasados ciertos latigazos, se pierde la precisión y puede hacer daño sin querer.

Disfruta del látigo. Es una parte de ti, un anexo más que debes dominar, como dominas tus extremidades.

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