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Esclavas sexuales en la Alemania nazi

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Uno de los temas más oscuros que se cuentan sobre la Alemania nazi, y también de los secretos guardados bajo llave porque no se quiere hablar mucho sobre el tema, es el hecho de las esclavas sexuales porque sí, las hubo, y los campos de concentración para las mujeres fueron mucho peor que para los hombres debido a la connotación sexual.

Por eso hoy vamos a contarte algunos de esos secretos aunque te advertimos que, si no es un tema que quieras leer, será mejor que no lo hagas porque puede herir tu sensibilidad.

Y es que según los autores de esta época miles de mujeres fueron utilizadas como esclavas sexuales, de todos los países, estando en un campo de refugiados concreto, el campo de concentración de mujeres de Ravensbruck donde los nazis se podían abastecer.

Y es que ese lugar actuaba de “prostíbulo” donde los soldados o miembros alemanes podían dar rienda suelta a sus deseos sexuales con estas mujeres que eran capturadas como botín de guerra. Y no hablamos de miles, sino que se estima que forzaron a más de 34.000 mujeres que se vieron obligadas a hacer el trabajo de prostitución para el Tercer Reich.

También la prostitución se utilizaba como una forma de incentivar el rendimiento ya que era un premio el poder acudir a los prostíbulos que se fueron creando a lo largo de varios campos de concentración. Para que te hagas una idea, en 1942 se abrió el primer burdel en Mauthausen y, el último, en 1945 en Mittelbau-Dora.

La mayoría de mujeres obligadas a ser esclavas sexuales eran alemanas y muchas veces se encarcelaban debido a que tenían contactos con judíos o con “enemigos del Reich” o bien ejercían la prostitución callejera. Casi todas ellas pasaron por Ravensbruck donde se las seleccionaba y mentía diciendo que en 6 meses estarían solas pero en realidad no era así. Solo las devolvían a los campos de concentración cuando ya eran inservibles.

Para distinguirlas de otras mujeres, se les cosía un triángulo negro en la manga y recibían un trato distinto al de otras mujeres pero trabajaban a diario, de 8 de la tarde a 10 de la noche, para servir a un número entre 10 y 20 hombres cada una de ellas con un máximo de 20 minutos cada hombre (y solo en la posición del misionero).

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