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Los harenes en el mundo: Egipto

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Egipto, como muchos otros países, también contó con sus propios harenes que cambiaban según reinara un hombre o una mujer. ¿Habías oído hablar de ellos? Hoy te vamos a comentar sobre ellos.

El emperador de Egipto tenía derecho a tener un harén al que se le denominaba “la casa de Jeneret”. Sin embargo, allí no solo vivían las concubinas sino que estaba la madre del faraón, la esposa real, las esposas secundarias, las concubinas y todos los hijos del faraón.

Como ocurría en el harén japonés, la casa de Jeneret también era una institución independiente donde, además de dar placer a su señor, se dedicaban a la educación de los hijos del rey, tanto de los niños como de las niñas a los que les enseñaban un oficio.

Una característica que lo diferencia de otros harenes es que, en la casa de Jeneret, podían entrar otras personas que no fueran el propio emperador, tanto hombres como mujeres pero hay que decir que era un edificio muy respetado y eso hacía que muchos hombres no se propasaran con las mujeres que había en su interior.

En cuanto al tamaño, la casa de Jeneret era variable. No podemos decir que hubiera un número exacto de mujeres en el lugar porque cada emperador tuvo un número mayor o menor que otra. Lo que sí se sabe es que estaba siempre al lado del Palacio Real y que tenía cierta vigilancia para evitar altercados, tanto dentro como fuera de la casa.

En general las mujeres debían estar disponibles para el emperador en todo momento y éste hacía uso, bien de la esposa real, de las secundarias o de las concubinas ya que, como se ve, había cierto rango o nivel dentro del hogar. De todas formas, cuando el emperador no estaba, se dedicaban a otras labores, sobre todo creando con sus propias manos, por lo que muchas veces lo que ellas tejían o hacían solía alcanzar precios más altos y eran comercializados.

Las mujeres no tenían por qué ser de sangre real, de hecho podías encontrar algunas que lo fueran con otras que no, que eran consideradas inferiores a las primeras. Sin embargo, ya dependía del emperador para que fuera favorita o no de él.

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