Jordi Gascón Ferret

No todo en la vida es juego pero los juegos juegos son

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Johan Huizinga en su obra Homo Ludens 1938 define juego como “una acción que se desarrolla dentro de ciertos límites de lugar, de tiempo, y de voluntad, siguiendo ciertas reglas libremente consentidas, y por fuera de lo que podría considerarse como de una utilidad o necesidad inmediata”.

1. Limitados en el espacio y en el tiempo: Basta con imaginar un partido de fútbol o una cancha de basket. Los partidos se dan dentro de los límites y duran el tiempo acordado. Los juegos eróticos siempre están determinados por el espacio y el tiempo, el Romanticismo puede hacerte creer en lo contrario, pero es mentira. Siempre se termina el juego y empieza la vida real.

2. Limitados por la voluntad: Esto es muy importante. Como mínimo los jugadores deben ser voluntarios. Sin voluntariedad el juego pierde toda la gracia. Imagina un partido de fútbol en el que el portero de uno de los equipos, como ha sido obligado, se muestra pasivo. No tendría el menor interés.

En el caso de los juegos eróticos debe además haber deseo. Erótico es un adjetivo que implica Deseo. Todos los participantes deben desear participar y la participación de los otros, de otra manera podemos hablar de juego pero no de juego erótico. Va más allá del consentimiento.

3. Reglas libremente consentidas: Los jugadores deben aceptar las reglas, de otro modo el juego se hace imposible. Es más, si sólo una parte de los jugadores no cumple las reglas y el resto sí, entonces se da una estafa.

En los juegos eróticos además de consentidas las reglas deben estar consensuadas.

4. Fuera de la utilidad o la necesidad inmediata: El juego no tiene, o no debería tener, consecuencias en la vida de las personas. No debería ser útil. Ganar un partido de fútbol no da nada en la vida real de los participantes fuera de la satisfacción de haber ganado o jugado bien. Me refiero, por supuesto, a juegos no profesionales donde no se apuesta. Eso no es juego eso es profesión o apuesta, aunque se use como sinónimo.

Los juegos eróticos tampoco deberían tener utilidad alguna. Ya se que esto suena mal, porque lo normal en nuestra sociedad es considerarlos “pruebas de amor”. Personalmente creo que el amor se demuestra en todas las actividades de uno, no sólo en el juego erótico. Aunque la sociedad se esfuerce en afirmar lo contrario.

El juego es, por lo tanto, una suspensión momentánea de la realidad. Durante un tiempo las reglas que gobiernan tu vida se cambian por otras. Y sólo ocurre mientras el juego continúe y hasta su final.

Es muy importante entender este concepto porque muchas veces se confunde juego con relación. Sobre todo cuando hablamos de sexualidades no convencionales.

Imagina la siguiente escena: Una mujer agarra por la cintura a otra y tras un breve forcejeo la consigue inmovilizar por completo. Ahora imagina a la misma mujer corriendo con una pelota de rugby y siendo placada por otra en un campo de césped. Ambas escenas son fruto del consenso, la evidente violencia es pactada. Pero a la primera tendemos a considerarla un abuso y a la segunda “un lance del juego”.

Ambas pertenecen a juegos pactados, delimitados en el tiempo y el espacio y, por supuesto, con participantes voluntarios. A nadie se le ocurre pensar que un jugador de rugby va placando a las personas por la calle, si hiciera eso sería considerado un loco o un gamberro.

Pues bien, las personas que practican el BDSM no van por la calle dándole golpes a su pareja. Es más, como sus juegos están muy bien delimitados – mucho más que los convencionales – saben separar muy bien la parte puramente lúdica de la afectiva.

Es importante distinguir entre juego y realidad, porque en el discurso normativo están muy intrincados. Se considera lo que ocurre en la cama como una manifestación más de la relación. Si es cariñosa fuera lo debe ser dentro. Y esto no es siempre así. Muchas personas se muestran tiernas y afectuosas en su vida cotidiana pero salvajes en sus encuentros eróticos. Y eso no hace su relación menos auténtica.

Si un juego erótico es una suspensión temporal de la realidad ¿Por qué le damos tanta trascendencia? ¿Por qué se le supone un poder generador de relaciones per se? Nadie se siente vacío tras jugar un partido de basket con personas desconocidas ni tampoco considera un “cerdo sin escrúpulos” a un ex compañero de brisca porque no lo ha vuelto a llamar para otra partida.

Pero en lo referente al sexo utilizamos el razonamiento contrario. Le damos una trascendencia religiosa. Te vas a la cama con alguien y de ese encuentro debe nacer una relación amorosa para toda la vida, si puede ser. Si no ocurre esto nos sentimos mal o vacíos.

Deberíamos ir a participar en los juegos eróticos como cuando vamos a jugar una partida de pádel o una de ajedrez con un amigo. Con espíritu lúdico, con deportividad y sin pedir peras al olmo. Porque no las tiene.

Jordi Gascón Ferret

www.erotonomia.com

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