BDSM

Las reglas de un Amo para adiestrar a una sumisa

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Dominar, no quiere decir infligir miedo, ni tampoco torturar o someter a un castigo físico a una persona. Ante todo, hay que respetar a esa persona y estar atento para sacar lo mejor de ella. Por eso, ya seas una mujer dominante, o un hombre dominante, debes tener en cuenta ciertas reglas importantes:

No golpear en la cara. La cara es uno de los lugares que menos se toleran los golpes. De hecho, no gustan a nadie y por eso, salvo que lo hayáis consentido ambos, deberías olvidarte de esa zona. Hablamos de una parte “roja” del cuerpo de una persona, es  decir, que no se debería golpear. Si quieres llamar la atención del sometido o sometida, con un pequeño golpe en la mandíbula será suficiente o bien colocando las manos en el rostro para obligar a mirarte.

No estropear la piel. Una de las primeras reglas de un dominante es que, aquello que le hagas a la persona sometida, debe irse en cuestión de horas. Eso quiere decir que no debes dejarle marcas ni quemaduras, rozaduras, etc. o, en su caso, has de ocuparte de ellas. De hecho, un dominante que sepa de primeros auxilios es muy conveniente porque así podrá asistir a su sumisa en esos momentos o verificar si está bien o hay que ir a urgencias de inmediato.

No abandonar a una sumisa atada. Estar atada y no poder moverte es una sensación muy agobiante, pero tienes a una persona en quien confías a tu lado. ¿Qué pasa si él desaparece? Puede ocurrir cualquier accidente además de hacer que la sumisa se sienta desamparada y pueda hacerse un daño físico o psicológico al perder a su dominante y no poder valerse por sí misma, más aún estando desnuda.

No realizar una sesión de BDSM estando furioso o nervioso. En esos casos es mejor calmarse antes de hacer nada porque puedes cometer errores.

No hacer sesiones de BDSM estando borracho o drogado. Tanto para el Amo como para la sumisa.

No castigar sin razonamientos. Un castigo siempre ha de tener un motivo. Y una vez que se da, no se puede volver a echar en cara a la sumisa.

Tras un castigo, debe haber cariño y ternura.

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